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Una parábola

Empecemos con una parábola. Un copero se hallaba al servicio del rey. Su labor era muy codiciada por muchos pues se hallaba cerca del rey y lo tenía todo. Cada día debía inspeccionar que la vasija de vino que había en el palacio estuviese muy bien resguardada. Que su contenido estuviese muy bien protegido y que el vino fuese de la mejor calidad.

Por hacer ello, tenía el privilegio de vivir en el palacio del rey y disfrutar de los grandes festines que se daba allí.

Cuando empezó a trabajar como copero fue muy meticuloso. No sólo que revisaba el vino y la vasija sino que además inspeccionaba y enviaba a asear la bodega donde se hallaban las vasijas de vino.

No obstante, conforme pasó el tiempo, el copero empezó a volverse más y más descuidado. Ya no enviaba a limpiar la bodega. La vasija era revisada sólo un par de minutos antes de las comidas y la copa, a veces quedaba sucia desde la comida anterior.

Con el paso del tiempo, el desaseo de la bodega llegó a ser tal, que tan solo al caminar se levantaba el polvo. Cuando se quitaba la tapa de la vasija, las manos se tornaban negras. De todos modos, el vino parecía bueno pues permanecía tapado.

Un día el copero se hallaba llevando la copa delante del rey y de pronto se dio cuenta de que una mancha grande de grasa se hallaba en el fondo de ella. El día anterior había hecho una pequeña fiesta con sus amigos y habían usado la copa del rey. En medio de aquella algarabía había colocado una porción grasosa de carne dentro de la copa entre las carcajadas de sus amigos.

Al notar el inconveniente se agachó como si tuviese un dolor muy fuerte en el estómago y, arrumado en el suelo, limpió lo mejor que pudo la copa con su ropa. El rey no lo notó. El copero dio un gran suspiro.

Un amigo que lo apreciaba mucho y que sabía de sus descuidos, le advirtió que si seguía así sería apartado del palacio y ya nunca volvería a disfrutar de la bendición del rey y de su presencia.

El copero no hizo caso de la advertencia y dejó que las cosas siguieran su rumbo.

Un día, la suciedad de la bodega atrajo a una rata que hizo su nido en aquel lugar. En otra ocasión, en medio de su habitual descuido, el copero olvidó tapar la vasija del vino. La rata curiosa se acercó para mirar dentro con tal mala suerte que resbaló al interior y murió ahogada en el vino. Al siguiente día, nuevamente, el copero sin cuidado alguno tomó la copa sin lavar, tomó un poco del vino de la jarra sin revisarla, la llevó al rey y puso la copa a lado de la comida del rey.

Este estuvo a punto de beber cuando observo algunas pelusas en la superficie de la copa. Reclamó entonces al copero su descuido y mandó a revisar la vasija hallándose con la sorpresa. Al siguiente día el copero fue decapitado como ejemplo para todo el pueblo para que sepan ser diligentes con sus labores.

Esta breve historia ha querido ser una parábola de lo que dice esta frase de Jesús. Nosotros somos aquel copero y nuestros corazones son aquella copa. Dios nos ha dado la responsabilidad de mantener limpia nuestra copa para su servicio, sin embargo en muchas ocasiones descuidamos esta responsabilidad y queremos servir a Dios con nuestros corazones aún sin limpiar.

¿Qué es el corazón?

Quizá sea necesario que tengamos más claro lo que era el corazón para los israelitas para que entendamos nuestra responsabilidad.

El corazón era según el pensamiento antiguo, como una vasija en la cual uno podía poner sentimientos, pensamientos o decisiones.

Ensuciando el corazón

El corazón podía llenarse con la palabra de Dios, pero también podía llenarse con homicidios, amarguras, mentiras o adulterios.

Lo que entra

En Mateo 5:28 vemos que en nuestro corazón puede albergarse el adulterio. De igual manera, en Mateo 6:21 vemos que la codicia arrastra al hombre como si fuera un títere y se halla también en el corazón. Estos dos son como aquella rata de la parábola que ha hecho un nido dentro de la vasija.

Aún, la pereza espiritual, cuando no limpiamos nuestro corazón constantemente, ingresa y nos domina. Esto lo hallamos en Lucas 12:45 donde el mayordomo deja que sea vertida en su corazón la idea de acomodarse pues lo más seguro era que el amo se demore en su regreso.

Es muy habitual que nos permitamos un par de excusas para dejar de servir al Señor creyendo que tarda. Algún momento llegará Jesús y hallará que en nuestra copa hay suciedades que le impiden tomarnos como copas de honra.

De igual manera dice Jesús que en el corazón, si nosotros lo permitimos, puede introducirse la glotonería, la embriaguez y las preocupaciones de esta vida (Lucas 21:34). Pero no solo esto, sino que además pueden anidar en el corazón los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaño, la lujuria, la envidia, la calumnia, el orgullo y la insensatez, etc., etc., etc. (Marcos 7:20-21)

Lo que sale

Si no sabemos hacer una limpieza diaria de nuestro corazón, al cabo de algún tiempo, no sólo que nuestro corazón tendrá algunas suciedades sino que será un verdadero basurero. Y ese basurero se hace evidente en nuestras actitudes. No importa cuánto intentemos esconderlos, es como tener basura en la casa pudriéndose por años, el olor es demasiado evidente. En palabras de Jesús diríamos “¿Cómo podéis hablar lo bueno siendo malos?, porque de la abundancia del corazón habla la boca” (Mateo 12:34)

Hay muchos que vienen a Cristo con un basurero en su corazón y no piensan en limpiar su corazón para dejar entrar a Cristo, sino que exigen que Cristo se acomode y empiece a vivir en aquel basurero.

De hecho, la suciedad de nuestro corazón puede endurecernos negándonos a reconocer nuestro pecado y nuestra necesidad de Dios. Romanos 2:5 dice que “por la dureza y la impenitencia de tu corazón vas atesorando contra ti cólera para el día de la cólera y de la revelación del justo juicio de Dios

El Diablo

Quién más interesado se halla en nuestro corazón, después de Dios, es Satanás. El es el que siempre se halla vertiendo su veneno en nuestros corazones. En Juan 13:2 vemos que el Diablo “vierte” una idea en el corazón de Judas. Dice el texto: Durante la cena, cuando ya el diablo había puesto en el corazón a Judas Iscariote, hijo de Simón, el propósito de entregarle. Si nuestro corazón se halla vacío de la Palabra de Dios, o quizás lleno sólo hasta la mitad, él buscará llenar lo que falte con su veneno.

De igual manera, Ananías y Safira dejan que Satanás llene hasta el borde su corazón con malos pensamientos. En Hechos 5:3 Pedro dice: Ananías, ¿por qué llenó Satanás tu corazón para que mintieras al Espíritu Santo y sustrajeras del producto de la venta de la heredad?

Ahora, hay que tener cuidado con pensar que el Diablo tiene la culpa de lo que hacemos. Aquel vertió la idea, pero nosotros la aceptamos y dimos la orden de “ejecútese”. Inmediatamente después de lo que hemos leído vemos en el verso 4 que el apóstol dice a Ananías: ¿Por qué pusiste esto en tu corazón? La responsabilidad es de Ananías. De hecho la palabra que usa Pedro podría traducirse mejor como “acomodar”. Ananías recibió la idea del Diablo y se encargó de acomodarla en su corazón y de ponerla en práctica a su debido tiempo.

Disimulando el contenido del corazón

Puede darse también que ante la situación tan deplorable en la que se halla nuestro corazón pensemos en ocultar lo que en él se halla. Puede ser que seamos tan buenos para actuar que logremos que nadie o casi nadie noten la impureza en nuestro corazón. Puede ser incluso que logre ser un cristiano ejemplar en la iglesia a base de mis simulaciones. Es inútil tratar de ocultar la impureza de nuestro corazón pues Dios no mira nuestro obrar ejemplar sino las motivaciones del corazón.

En el Antiguo Testamento ya advertía Dios que Él no se fija en lo exterior. En 1ra Samuel 16:7 le dice a Samuel: No mires a su parecer, ni a lo grande de su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo que mira el hombre, pues el hombre mira lo que está delante de sus ojos, pero Jehová mira el corazón

Y en el Nuevo Testamento se vuelve a repetir que Dios mira el corazón y no las obras de los hombres. En Lucas 16:15 Jesús dice: Vosotros sois los que os justificáis a vosotros mismos delante de los hombres, pero Dios conoce vuestros corazones, pues lo que los hombres tienen por sublime, delante de Dios es abominación.

Aquellos hombres creían que con recibir las alabanzas de sus hermanos en la fe bastaba. Jesús les dice lo que para ustedes es sublime, para Dios es abominación. Sus actos ejemplares no eran fruto de un corazón limpio sino fruto de celos envidias y rivalidades. Esto no lo podemos esconder de Dios quien el día del juicio -dice Pablo- “manifestará las intenciones de los corazones”.

Pablo decía que “con el corazón se cree para justicia y con la boca se confiesa para salvación”. Es decir, si no hay en primer lugar una limpieza del corazón, no puede haber una verdadera conversión. Una oración de fe que no nazca de un deseo de limpiar el corazón no sirve de nada.

Cómo limpiar verdaderamente el corazón

La Palabra de Dios nos presenta la manera en la que podemos limpiar diariamente nuestro corazón del pecado y los malos deseos.

La fe limpia nuestros corazones

Dice Hechos 15:9 que Dios “purificó sus corazones con la fe”. El primer paso para empezar a limpiar nuestro corazón es por medio de la fe en Cristo Jesús. Cuando realmente le abrimos el corazón a Jesús por medio de la fe, Él empieza a obrar y a limpiar en nuestro interior. Cuando en fe dejamos cosas que nos eran preciosas pero que Jesucristo por medio de su Palabra nos dice que son nocivas para nosotros, logramos que Jesucristo limpie profundamente nuestro corazón.

La Palabra de Dios

Dice Lucas 24:32: Se dijeron uno a otro: « ¿No estaba ardiendo nuestro corazón dentro de nosotros cuando nos hablaba en el camino y nos explicaba las Escrituras? ». El segundo paso para empezar a limpiar nuestro corazón es alimentarse por medio de la Palabra de Dios. La predicación, la meditación bíblica, etc., son formas de hacer que habite en abundancia en nosotros la Palabra de Dios de modo que vaya desalojando poco a poco aquello que ensucia nuestros corazones.

Sin embargo, lo primero es la fe. De otro modo, al leer el texto bíblico, un velo cubrirá nuestros corazones por no querer volvernos a Jesucristo. Esto lo podemos encontrar en 2da Corintios 3:15

Meditar en las obras de Dios

Lo tercero es meditar y guardar en el corazón el obrar de Dios de tal modo que cuando tengamos inquietudes sobre las circunstancias que estemos pasando podamos recordar cómo actuó Dios en otras ocasiones. María es ejemplo de esto pues dice Lucas 2: 51 que ella “conservaba cuidadosamente todas las cosas [referentes a Jesús] en su corazón” y en el verso 19 dice: “María, por su parte, guardaba todas estas cosas, y las meditaba en su corazón”.

Contentamiento

Vimos que, entre las ideas que el enemigo pone en nuestro corazón se hallan los hurtos, las envidias y las avaricias. La mejor manera de de combatir esto es por medio del contentamiento. Pablo nos recuerda en 1ra Timoteo 6:7 que nada hemos traído a este mundo y, sin duda, nada podremos sacar. Por lo tanto sentencia: teniendo sustento y abrigo, estemos ya satisfechos.

Debemos aclarar, con todo, que tener contentamiento no es lo mismo que ser conformistas. Trabajando duro, como para el Señor, haciendo nuestras actividades con honradez y sabiendo ser buenos administradores de los dones y riquezas que el Señor nos da, cumpliremos con la palabra y además seremos prosperados.

Perdón

Otros venenos que suelen acostumbrar hacer nido en nuestros corazones son el rencor, el resentimiento y la amargura. La mejor manera de echarlos del corazón es aprendiendo a perdonar.

Llenar el corazón de todo lo puro

Pablo les recomienda a los Filipenses en el capítulo 4, verso 8 de su carta lo siguiente: “todo lo que es verdadero, todo lo honesto, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo que es de buen nombre; si hay virtud alguna, si algo digno de alabanza, en esto pensad”. Desechemos todo pensamiento impuro; quitemos de nuestra mente y corazón todo chiste de mal sentido; desarraiguemos de nuestra boca todo vocabulario obsceno; quitemos de nuestra mente todo aquello que daña nuestro corazón. Por el contrario acostumbremos a nuestro corazón a pensar en lo bueno, en lo puro, en lo que es de buen nombre. Es de esta manera cómo podemos lograr que nuestro corazón sea limpio y permanezca limpio.

Los frutos de un corazón limpio

Es conforme al corazón de Dios

No hay interferencias. Hace la voluntad del Padre.

Es generoso

Sabe que todo lo que tiene se lo debe a Dios. No es mezquino. Sabe dar con alegría siendo consciente de lo que Dios ha hecho por él. (2da Corintios 9:7)

Es agradecido

Reconoce que todo don perfecto viene de Dios y por ellos vive en gratitud por lo recibido. (2da Corintios 9:7)

Verán a Dios

La promesa que hace el texto bíblico es que quienes conservan su corazón puro podrán ver a Dios. Esto se entiende de dos maneras:

Ser librado de la aflicción

En el salmo 31:16 vemos que existe una analogía entre ver la faz de Dios y ser salvado por Él. Dice el texto: “Haz resplandecer tu rostro sobre tu siervo; ¡sálvame por tu misericordia!”. De igual manera, en el Salmo 13:1 vemos que el salmista se halla pasando por una gran aflicción y la expresa diciendo que Dios ha escondido su rostro de él. Finalmente en el Salmo 11:6-7 se puede apreciar que los malos recibirán castigo mientras los rectos verán el rostro del Señor, es decir recibirán misericordia.

Esto no sólo es recibir una que otra petición de parte de Dios. De hecho es vivir cada día en la presencia de Dios. Este privilegio es más grande de lo que a veces nos lo imaginamos. Tomás de Aquino lo notó y dijo: “así como en la corte de un rey están más elevados los que le ven la cara que aquellos que sólo comen de sus tesoros”, así son más elevados los limpios de corazón.

Estarán en presencia de Dios al final de los tiempos.

Al final de los tiempos cuando Dios lleve a su presencia a todos sus santos, quienes han permanecido buscando mantener limpio su corazón verán a Dios. Aquel día ya “no habrá más maldición. El trono de Dios y del Cordero estará en [en medo de ellos], sus siervos lo servirán, verán su rostro y su nombre estará en sus frentes”.

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