Esta semana tuvimos un intensivo de cuatro horas para estudiar el libro del Apocalipsis. Aquí un pequeño extracto de lo dicho:

El libro del Apocalipsis cierra la colección de textos que la Iglesia de Cristo considera revelados. Quizás se trate de uno de los libros que más emociones encontradas suscite entre los creyentes de nuestros tiempos. Unos ven en él la predicción del surgimiento de Hitler, de Rusia, de la ONU, etc. Se busca en este libro pistas para saber de dónde surgirá el Anticristo. Lo último que se ha dicho es que este personaje será fruto de la Comunidad europea.

No obstante, vemos que cada nueva generación va hallando en el Apocalipsis nuevos representantes a ser identificados con los personajes que dicho libro menciona. Si en tiempos de la revolución francesa, se identificó la batalla de Waterloo con el Armagedón, en los tiempos de la segunda guerra mundial se hizo lo mismo con el día D del desembarque de las fuerzas aliadas en las costas europeas. Más tarde se vio a la URSS como la Gran Ramera y a Stalin como el Anticristo.

Hoy en día se ve a la Comunidad Europea como Babilonia y se cree que de allí surgirá el temible Anticristo.

Tantas contradicciones nos deberían llevar a meditar bien sobre la forma como leemos el Apocalipsis. Por lo general, se da por sentado que todo cuanto se halla en el último libro de la Biblia tiene que ver con el final de los tiempos. Es más, se da por sentado que el mensaje central del Apocalipsis es el fin del mundo. Es por ello que se ignora cualquier referencia a los tiempos antiguos y se busca interpretarlo en términos futuristas.

Si nos detenemos a meditar un poco, podemos llegar a una conclusión. Cualquier revelación que el Espíritu Santo hubiese querido dar a la Iglesia, debía exponerlo en términos que lo entendiese tanto un creyente del siglo primero como uno del siglo XX. Ahora, si empezamos a decir que el 666 tiene que ver con el código de barras, deberíamos preguntarnos si los cristianos del primer siglo, y Juan a la cabeza, podían entender algo de electricidad, circuitos integrados o computadoras.

Es evidente, en base a lo anterior, que estas interpretaciones contemporáneas dan por sentado que nadie, antes de nosotros, entendió nada del Apocalipsis, y que somos nosotros los únicos capaces de entenderlo. De ser así, el mensaje del Apocalipsis que fue escrito en primer lugar para las siete iglesias del Asia Menor, nunca fue entendido por sus primeros destinatarios. En definitiva, el Espíritu Santo se habría estado burlando de los primeros cristianos si hubiese enviado una revelación que nadie sino los ilustres cristianos del siglo XX serían los únicos en entender.

Es por ello que nuestra primera premisa para entender el Apocalipsis debe ser: Qué entendieron los primeros destinatarios de esta revelación de Jesucristo. Sólo en base a esta premisa, podemos preguntarnos qué es lo que el Apocalipsis quiere decirnos a nosotros.

El lenguaje apocalíptico

El libro del Apocalipsis está escrito en un estilo que floreció unos 2 siglos antes de Jesucristo entre los judíos. Entre los libros que surgieron con este estilo se hallan:

1ra Enoc Testamento de los doce patriarcas Ascensión de Isaías
Jubileos Salmos de Salomón 2da de Enoc
Oráculos Sibilinos Asunción de Moisés Apocalipsis de Baruc

Todos estos libros eran muy conocidos por los judíos del primero y segundo siglo, es decir, los tiempos del surgimiento del cristianismo. Lo habituados que se hallaban los cristianos de aquellos tiempos a estos libros podemos constatarlo en Judas 1:9 donde se menciona algo que venía del libro de la Asunción de Moisés diciendo: “El arcángel Miguel, cuando pleiteaba con el diablo disputándose el cuerpo de Moisés, no se atrevió a pronunciar contra él ninguna palabra de insulto, sino que sencillamente dijo: ‘¡Que el Señor te reprenda!’”.

Lo importante de esta cita, para Judas, no era si las cosas habían sucedido de dicha manera, sino el hecho de que todo el mundo –aún los escritores de dicho libro- era consciente de que aún ante los ángeles caídos había que guardar cierto respeto y dejar en manos de Dios su reprensión.

Los libros apocalípticos tenían por costumbre usar una serie de símbolos para exponer su pensamiento: Números, colores, animales, elementos del santuario, etc. Todo este simbolismo era muy bien comprendido por los primeros lectores del Apocalipsis y por ello, el autor utiliza estos elementos para explicarles lo que quería decir.

La literatura apocalíptica se destacaba también por el carácter de confrontación entre el bien y el mal que se hallaba en él. Generalmente se veía en esos libros al pueblo de Dios siendo amenazado por los poderes del mal. De todos modos, al final los que permanecían fieles vencían por medio de la intervención de Dios en la historia.

En el taller alcanzamos a revisar hasta el capítulo 5. El próximo mes, el día 21 de mayo de 2011 seguiremos estudiando los capítulos 6-8, es decir, lo referente a los siete sellos y las siete trompetas del Apocalipsis. Los interesados pueden escribirnos a esta dirección: pammarcl@yahoo.com

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